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“Hubo un tiempo en el que todo fue posible, un tiempo en el que un ejército de soñadores se hicieron albañiles de la utopía y construyeron las paredes de las casas que no llegarían a habitar y los altos muros de las prisiones que finalmente ocuparon”.

 

Así comienza el documental, con una pequeña reflexión que bien podría definir lo que fue la vida de Cipriano Mera, personaje imprescindible cuando se habla de la Guerra Civil española de 1936: trabajo, con la paleta y encima de un andamio hasta la muerte, un mundo utópico, de soñadores, su afán por una revolución social que cambiase el mundo y las condiciones de los trabajadores, el Ejército, llegando a dirigir grandes unidades militares, fue Jefe del IV Cuerpo del Ejército Popular de la República, o las prisiones, que visitó con asiduidad a lo largo de su vida.

Yo añadiría un elemento importantísimo que creo merece la pena destacar y posiblemente es lo que más me ha impresionado de su vida, su HONRADEZ, en toda su extensión. Mera llegó a ser maltratado y golpeado por un personaje llamado José Escobar en una de sus estancias carcelarias, llegando a perder un diente como consecuencia de los golpes. Al cabo de un tiempo, durante la Batalla de Guadalajara, las casualidades de la vida hicieron que esta persona fuese apresada por los anarquistas de Mera, poniéndole sus hombres a su disposición para que hiciera con él lo que quisiera. A Mera solo se le ocurrió lo que a una mente noble se le ocurriría: perdonarle y ponerle en libertad. El compañero anarquista Helenio Molina cuenta cómo Mera perdonó a Escobar.

No fue esta la última vez que sus vidas se cruzaron. Acabada la guerra, acudieron a la cárcel de Yeserías de Madrid el llamado “ángel rojo” durante la guerra, el anarquista Melchor Rodríguez con Mera a dicha cárcel a interceder por tres compañeros a punto de ser trasladados a la cárcel de Burgos. Se trataba de impedir su traslado dado el delicado estado de salud que tenían y que podían peligrar sus vidas.

Se adelantó Melchor a hablar con el director de la prisión , que resultó ser José Escobar, para decirle que afuera estaba Mera y acudían para pedir por sus compañeros. Cuando Escobar oyó el nombre de la persona que estaba fuera solo dijo, “una petición de Mera es una orden para mi”. Y no hubo traslado. Eso es lo que generaba el nombre de un hombre honrado.

Hay otro apartado que merece muy mucho la pena destacar y a mi me ha impresionado mucho. En el documental se repiten los mensajes alrededor de una maleta que un enlace hace llegar a Mera a punto de acabar la guerra y en plena desbandada de dirigentes significados de la República. Esa maleta estaba cargada de joyas y objetos de oro, de gran valor. Mera no lo dudó ni un instante, escribió en un papel: “De Cipriano Mera para el Banco de España“, y pidió al enlace que lo devolviera a su origen inmediatamente.

Yo me pregunto: si un personaje como Mera, que no era ni con mucho de la importancia política que podían tener otros elementos de la República del momento, recibió esa maleta con ese contenido, qué no recibirían otros líderes mucho más destacados que nuestro albañil. ¿Podemos imaginar el origen de esas joyas y ese oro?. Mera dijo a quienes le hicieron llegar eso, que alguna vez tendrían  que rendir cuentas al pueblo por lo que habían hecho. Se estaba refiriendo al robo y al expolio que suponía el uso de unos bienes y un patrimonio que eran obviamente del pueblo español. No estamos hablando del oro del Banco de España, ojo!. Finalmente, nadie les pidió explicaciones, ni aún hoy.

Creo que merecería la pena abordar alguna vez, como una segunda parte de esta historia y como parte de la Historia más gris de nuestro país, la leyenda en torno a un tesoro recogido en 133 maletas llenas de oro y joyas, cargado en un yate llamado “El Vita” y llevado hasta el puerto de Veracruz donde dos dirigentes de la II República llegaron a disputar por ellas, hasta el punto de enemistarles de por vida, me refiero a Indalecio Prieto y Juan Negrín. Qué poco se conoce esta historia y es de una importancia extrema, dado quiénes eran los intervinientes, el origen de esos bienes, y su destino final. Pero eso es otra historia que nos aleja de Mera en estos momentos.

Los anarquistas creían en la revolución española, no en la guerra civil. El objetivo principal era crear los mecanismos económicos para hacer viable la revolución:

Nos impusimos, haciendo prevalecer que de lo que se trataba era de cambiar el régimen capitalista y de crear una sociedad más justa que al hacer el pueblo la revolución no se podía consentir matar sin más ni más, a nadie, aunque se tratase de un marqués. Puesta en marcha la colectivización, se origina una alternativa autogestionaria“.

Mera en sus comienzos en la guerra actúa desde el escalafón más bajo, pero sus dotes innatas hace que rápidamente ascienda en la CNT. Enfrentado siempre a los comunistas, tiene un atentado de este colectivo en plena Batalla de Brunete como él mismo comentaba tiempo después: “varias ráfagas de metralleta nos llegaron al puesto de mando desde un sector donde no había fascistas, y allí solo estaban los comunistas“. Nunca se llevaron bien, de resultas Mera apoya la sublevación en Madrid de Casado y Besteiro.

Dejo constancia también de la liberación que hizo Mera de la única mujer que logró mando en el Ejército Popular de la República, Mika Etchebehere, a la cual los comunistas tenían presa en un cuartel. Mera llenó un camión de milicianos y se fue a liberarla so pena de asaltar la instalación y liberarla por la fuerza. No hizo falta, después de haber negado por parte del responsable del cuartel que estuviese allí “la capitana“, bastó que Mera ordenase posición de combate a sus milicias para que en menos de 5 minutos estuviese en la calle Mika, una de las líderes del POUM.

Acabando la guerra logra salir de España desde Valencia en avión para Orán y allí es detenido por las autoridades, recorriendo diversas cárceles por Argel, escapando varias veces de su encierro. No obstante, ayudado por los exiliados desde México no logra embarcar para sudamérica, y finalmente es atrapado por los franceses que le deportan a la España de Franco. Ya en nuestro país, se le abre expediente con los cargos habituales de aquellos tiempos: “Haber combatido con las armas en la mano y mandado grandes unidades militares“.

Condenado por delito de “adhesión a la rebelión” a pena de muerte, es indultado por Franco sin que él lo hubiese pedido en ningún momento. Comenta algún testimonio de la época que Mera tuvo un oficial militar que le defendió en el juicio con gran tesón y profesionalidad, cosa que al parecer nunca había hecho con anteriores defendidos. También Mera vuelve a enfrentarse con honradez a su destino diciendo al juez que él defendió una causa que consideraba justa, que nunca hizo mal a nadie ni se lo deseó y que volvería a hacerlo de nuevo. Que había luchado y había perdido en el envite, y que por tanto podían hacer con él lo que quisieran.

La presión internacional, así como la delicada situación del régimen, aislado de los países del entorno, hizo reconsiderar la postura de que este tipo de muertes no añadiría sino más problemas a los existentes y que sería más sencillo y provechoso políticamente el hecho de soltarle que quitarle la vida.

De esa forma Mera sale libre, sin haber pedido ningún tipo de indulto. Se va a Francia donde intenta unificar las tendencias anarquistas existentes, llevándose una profunda desilusión cuando a raíz del congreso de Limoges se dio cuenta que a él se le dejaba de lado, incluso que hubo cartas internas a los propios afiliados, desacreditándole, hasta el punto de llegar a acusarle de haber robado en la caja del sindicato. Increíble pero cierto. Recordemos que por aquél entonces seguía figurando Federica Montseny, con bastantes seguidores, aglutinando así una de las corrientes libertarias, junto con la FAI (Federación Anarquista Ibérica).

Mera acaba sus días volviendo a la palestra en lo alto de los andamios de la construcción, y acudiendo a una imprenta donde se editaba “Frente Libertario“. Comenzaba su jornada a las 8 de la mañana, y cuando acababa del “tajo”, se iba a la imprenta a tirar el periódico acabando a la 1 de la madrugada. Contaba con cerca de 73 años, y así estuvo, hasta el final. Murió en octubre de 1975, un mes antes que Franco, en Francia. Curiosamente poco antes de morir hablaba del final del franquismo y decía: “No sé si no moriré antes que Franco. De todos modos no tiene importancia, la CNT está encarrilada“.

El documental completo no se encuentra en Youtube, por lo que solo podremos publicar unos trailers, pero merecerá la pena se intente encontrar y adquirirlo. Colabora TVE y muchas otras fundaciones e instituciones como la Fundación Pablo Iglesias, Comunidad de Castilla La Mancha y un largo etc. Dura dos horas largas.

 

 

Ponemos algún pequeño documental también sobre la figura de Cipriano Mera

 

 

 

 


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