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El día 2 de Agosto de 1936 debía ser un día de calor en Navalperal de Pinares, Ávila, como lo es hoy. Mi abuelo, Víctor Requena y Proceso Sánchez, afiliado al Partido Socialista, en el círculo socialista de Puente de Segovia en Madrid, formó parte de la Columna Mangada que en los primeros días de la guerra recorrió por dos veces los pueblos de la zona que limita la provincia de Madrid con la de Ávila reclutando combatientes. Mi familia no dispone de ninguna foto de él, pero lo que sí sabemos es que era una buena persona, como la mayoría de las que la Guerra se llevó.

En Navalperal de Pinares, paso obligado para las tropas del General Franco en su camino a Madrid desde Ávila y de importancia estratégica por ser zona por la que poder llegar con cierta facilidad al pueblo de El Espinar, ya en poder de las tropas sublevadas en estas fechas, se libraron duros combates a principios de ese mes de Agosto de 1936 intentado las tropas republicanas parar la acometida de los sublevados. Igualmente era estratégico el punto por haber establecido allí el Teniente Coronel Mangada su cuartel general en una pensión del pueblo.

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Este es el documento en el que ya el día 1 de Agosto las tropas del Gobierno Republicano, se sienten superadas y solicitan refuerzos urgentemente y en retirada de su ataque al pueblo de El Espinar, sufren varias bajas de muertos y heridos. En realidad, no sabemos si uno de ellos pudo ser mi abuelo.

Más adelante, un amigo y compañero de filas de él, le contaba a mi abuela, Leoncia, que cayó en una trinchera de las que rodeaban y protegían el pueblo. También sabemos que su cara quedó tan mutilada por el impacto de metralla o del proyectil que acabó con su vida, que mi tía abuela Marcelina fue quien identificó el cadáver para evitar el impacto emocional en mi abuela. Él tenía 28 años de edad. Mi madre, Aurora, un mes y medio.

La fotografía es de su tumba a día de hoy, en el Cementerio de La Almudena, en una zona donde se enterraron a los primeros caídos en combate, y que por el paso de los años se han ido desmoronando por estar construidas con las prisas que debían dictar esos momentos. Allí reposan sus restos junto con los de otros cinco combatientes, compartiendo eternamente el viaje que comenzaron juntos.

En memoria de mi abuelo y de todos los que durante esos tres años perdieron su vida.

Jorge García