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Acabo de leer este libro y me he animado a colgar un comentario en nuestro Blog. No me ha resultado fácil su lectura, es más, creo que ha sido un libro espeso y difícil de seguir.

Hay lecturas que desde el primer momento te enganchan. Las páginas por muchas que sean (recuerdo el libro de Manuel Tagüeña comentado aquí mismo) se pasan a velocidad de vértigo, teniendo la sensación final que su lectura ha durado más bien poco, y que de hecho se hubiera deseado seguir leyendo más y más.

Repito que este no es el caso del libro que me ocupa, al menos para mí, claro está, pero sobre opiniones y gustos no hay nada escrito.

¿Qué me ha podido motivar a finalizar su lectura?. Pues creo que dos aspectos fundamentales y un tercero puramente anecdótico:

  • La figura del mismo Santiago Carrillo y los misterios que esconde
  • La persona que lo escribe, el historiador Paul Preston, un autor de ideología de izquierdas
  • El hecho de que yo mismo he conocido y hablado personalmente con ambos personajes

El libro

“…uno a uno dio la espalda a aquellos que le ayudaron: Largo Caballero, su padre, Segundo Serrano Poncela, Francisco Antón, Fernando Claudín, Jorge Semprún, Pilar Bravo, Manuel Azcárate o Ignacio Gallego, entre otros. La lista es muy extensa. En su ansia por medrar siempre estuvo dispuesto a traicionar o denunciar camaradas. Esa crueldad fue otro rasgo que compartía con Franco.

Quedará claro que Carrillo poseía algunas cualidades en abundancia: capacidad de trabajo, ímpetu y aguante, destreza en la oratoria y escritura, inteligencia y astucia. Por desgracia, quedará igualmente claro que la honestidad y la lealtad no figuraban entre ellas”.

La verdad es que la página y media del prólogo resume en muy buena medida lo que da de sí la figura de Santiago Carrillo. Aquí acabo de poner un fragmento de ese prólogo de Preston que dice mucho del personaje, en realidad lo dice todo o casi todo.

El libro se mete en faena rápidamente. En su página 78 aborda el tema de las sacas de los presos de la Cárcel Modelo de Madrid, siendo ya Carrillo responsable de la Consejería de Orden Pública de la Junta de Defensa de Madrid.

Creo que es este el tema más polémico a lo largo de la vida de nuestro personaje y el que ha venido levantando más ampollas desde aquél lejano noviembre de 1936. Preston deja claro que era prácticamente imposible que Carrillo no supiera lo que estaba pasando. Hay muchos indicios de que necesariamente estaba en conocimiento de los hechos, por ejemplo el testimonio de Felix Schlayer, cónsul de Noruega, y Goerges Henny, representante de la Cruz Roja Internacional, que se reúnen con Carrillo después de la sesión plenaria inaugural de la Junta de Defensa  en la tarde del día 7 de noviembre, y en la que hacen ver a Carrillo lo que estaba pasando en la Modelo, que habían visitado unas horas antes. Le anunciaron los traslados irregulares que se estaban dando y no hizo nada para impedirlo. Esta es quizás la cuestión más polémica, confirmada por Schlayer en su libro “Matanzas en el Madrid Republicano“.

Preston me sorprende positivamente con el equilibrio que presenta al tratar la figura de Carrillo. Creí encontrarme a un historiador, dada su ideología, que disculpara más de una de sus actuaciones, pero no es así, y no le duelen prendas en decir las cosas como creo que se produjeron realmente, por mucho que le indigne a una parte de este país.

Preston va dejando caer las actuaciones de Carrillo sobre muchos de los camaradas que se encuentran en su entorno, incluida Pasionaria, a quien en un momento del tiempo, avanzada su enfermedad, relega al papel de mera comparsa sugiriéndole que podía dedicarse a escribir una “Historia del Partido Comunista Español“.

Detalla su actuación al frente de las Juventudes Socialistas y cómo traiciona al Partido Socialista pasándose a los comunistas llevándose consigo cerca de dos millones de afiliados. Una importante actuación que Moscú supo pagar dándole la Consejería de Orden Público en la formada Junta de Defensa de Madrid.

También aborda numerosos casos ocurridos con un sinfín de compañeros, todos ellos dejados a un lado (en el mejor de los casos, porque en otros la mera denuncia produjo unos efectos mucho más devastadores sobre el físico de algún que otro camarada), en persecución siempre de su propio provecho, su vanidad y su ego.

Para Carrillo, la culpa nunca era propia, aunque se tratase de errores propios flagrantes, siempre había un factor externo que había provocado tal o cual situación adversa, o siempre quedaba en última instancia echarle la culpa a los típicos agentes extranjeros desestabilizadores, la reacción.

Al final de la página 149 y comienzo de la 150 comenta Preston las acusaciones de Líster que publicó, en las que decía que varios guerrilleros y otros militantes habían sido asesinados a manos de José Gros, jefe de seguridad del PCE y otros colaboradores incondicionales, por orden de Carrillo.

Conclusiones

  • Libro tremendamente espeso de leer, lo que me reafirma un tanto en la idea que tenia de su autor, Paul Preston. No es de los que transmiten con facilidad, quizás otro autor lo hubiera hecho menos farragoso.
  • El contenido es para entusiastas del tema, con muchas ganas de averiguar cosas sobre el personaje que nos ocupa.
  • Me motivó su lectura descubrir qué opinaba Preston sobre el tema de Paracuellos del Jarama, y creo que coincidimos en líneas generales. No tenemos ninguna duda de que es uno de los responsables de aquellos sucesos, no ya porque firmase órdenes de ejecución (no se ha encontrado al respecto ni un documento que lo encause), sino por haber estado en connivencia con los sucesos y no haber hecho nada por impedirlo. Podía haberse fijado en el espejo de Melchor Rodríguez (libro comentado en este mismo Blog), si los papeles de ambos se hubiesen intercambiado, hoy en día el Sr Carrillo sí se hubiese hecho acreedor a esa investidura tan inmerecida de Doctor Honoris Causa de una Universidad de Madrid. Otra broma de mal gusto de nuestro tiempo.
  • Me ha gustado mucho la etapa y los sucesos que cuenta Preston sobre lo que ocurre en Rusia, y todo lo relacionado con Stalin y el Kremlim. Muy desconocido en general, aunque después de haber leído el libro de Manuel Tagüeña (aquí comentado en este mismo Blog) algo ya me imaginaba de lo que allí ocurría. Todo siniestro, para echarse a temblar.
  • Mi última reflexión: Después de leer este libro, ¿alguien puede pensar que de haber ganado la guerra los comunistas (y digo los comunistas porque en el 39 realmente los únicos que se oponían al Ejército de Franco eran los prosoviéticos, y desde donde llegaba material bélico y ayuda a la II República española era exclusivamente de Rusia) España hubiera sido una democracia?. También creo que las “libertades del pueblo” y su restitución, de la que tanto hablan los personajes de este libro, se deben de referir a las que ellos concederían a la gente de su cuerda. Dudo mucho de que admitiesen discrepancias, cuando no las admitían ni entre sus propios afiliados que enseguida eran tachados de traidores y agentes imperialistas, denunciados y en muchos casos hechos desaparecer.

Unas anécdotas finales

Conocí a Paul Preston personalmente en la Granja de San Ildefonso, en unas jornadas sobre la Guerra Civil española de 1936. Fue el que cerró el ciclo y resultó inolvidable estar delante de semejante Historiador. Me acerqué a pedirle que me firmara su libro sobre la biografía de Franco, libro por cierto que apenas me había costado 5€ en el Corte Inglés, y que ahora con su firma original para mi tiene muchísimo más valor. Es el momento que recoge la foto adjunta.

con Paul Preston en la Granja de San Ildefonso (Segovia)

con Paul Preston en la Granja de San Ildefonso (Segovia)

También conocí a Carrillo con el que apenas mantuve un pequeño diálogo en la antigua ubicación de la “Casa de Asturias“, en la calle San Bernardo de Madrid. Fue consecuencia de la presentación de un libro sobre la figura del general Miaja (“Miaja, el general que defendió Madrid”, de Juan José Menéndez García, editado en Gijón por Ápel) , a la que asistieron familiares del general, y finalmente se presentó el Sr Carrillo. Habló brevemente y pude conocer en vivo el timbre de su voz. Esa voz grave, profunda, pausada, y hasta agradable de escuchar, yo diría cautivadora, coincidiendo con algunas de las afirmaciones del libro de PrestonAl final me dirigí a él para que me firmase un autógrafo pero se excusó diciéndome que ya no podía hacerlo por el temblor acusado de su mano. Nos la estrechamos mutuamente y sentí una mano cálida y fuerte. Esto sería un par de años antes de morir aproximadamente, en el 2010, con lo que ya contaba con más de 90 años en ese momento, creo que sobre los 91 o 92. Y yo pensé, parece inconcebible que este hombre ya anciano, con aspecto bondadoso, pueda haber estado involucrado en tantos hechos siniestros y tristes.

También tuvo sus momentos positivos, como el mismo Preston destaca, al hablar de hechos más recientes, ya en nuestra democracia, como su contribución y papel en el Congreso durante el golpe de Tejero y su contribución a la estabilidad y restauración de dicha democracia.

Quede ahí el cruce de caminos que tuve con los dos personajes en cuestión, con lo que doy por concluido mi comentario al libro de Preston.

 


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