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Una polémica para empezar. La controversia Matthews-Aznar o el antimito del Alcázar

No se podría entender la cuestión que nos ocupa si no tratamos minimamente la literatura que fue apareciendo en los años posteriores a la finalización de la Guerra civil española de 1936. Las circunstancias del asedio y sus consecuencias parecían suficientemente claras para no suscitar ningún tipo de dudas y mucho menos una polémica entre autores de ambos bandos.

Pero los hechos vinieron a demostrar que con el tiempo habían surgido los “antimitos” del Alcázar, es decir, opiniones que negaban incluso los hechos más básicos que rodearon el asedio. Y uno de estos hechos cayó como una bomba en la opinión pública, me refiero a la aparición del libro del periodista americano del

Herbert Lionel Mathews

Herbert Lionel Mathews

New York Times titulado The Yoke and the Arrows en 1957 (El Yugo y las Flechas ) que cuestionaba lo más tradicional del asedio, todo ello debido a que había hablado con el general Asensio y el pintor Quintanilla, ambos del bando republicano, y había cambiado su idea inicial que coincidía con la oficial.

Acabó negando o cuestionando los siguientes aspectos:

  • La conversación telefónica entre Moscardó y su hijo Luis no había tenido lugar
  • Luis Moscardó tenía 19 años de edad y no se encontraba en Toledo en el momento del alzamiento sino en el Cuartel de la Montaña, donde murió durante el asalto, o sea el 19 de julio de 1936.
  •  El agua, el “gas”, la electricidad y la línea telefónica estaban cortadas desde el día 22 de Julio y así permaneció desde entonces. La comunicación se mantuvo a partir de ese momento por medio de altavoces. ¿Cómo por tanto pudo Luis Moscardó haber hablado con su padre al día siguiente?
  • Las mujeres y niños encerrados en la fortaleza, unos 570 según Matthews, eran rehenes de los sublevados, todos, bien por ignorancia o contra su voluntad. Dos de las monjas actuando como enfermeras declararon estar indignadas por lo que había pasado.

La contrapartida vino de la mano de un historiador franquista, Manuel Aznar, abuelo de José María Aznar, el que fuera presidente del gobierno de España en dos legislaturas, entre 1996 y 2004.

Manuel Aznar

Manuel Aznar

Aznar publicó una réplica a Matthews en su libro “El Alcázar no se rinde”. Fue tal lo apabullante de sus pruebas, basadas la mayoría en testimonios vivos de los hechos, que logró incluso la rectificación de Matthews y Hugh Thomas.

Réplica a unas páginas del libro titulado “El Yugo y las Flechas” del escritor norteamericano Herbert L. Matthews“.

Se fundamenta en los siguientes puntos:

  • Luis Moscardó tenía 24 años cuando se producen los hechos del Alcázar, y ya había realizado el servicio militar 4 años antes, luego no tenía los 19 a que alude Matthews (acompañó facsímil del acta de nacimiento)
  • No pudo refugiarse Luis en el Cuartel de la Montaña porque simplemente estaba en Toledo. Se pudieron presentar numerosos testigos de su presencia en Toledo. El Sr Matthews no presentó ninguno que ratificara sus aseveraciones. Y fue en Toledo donde los milicianos le detuvieron el día 23, día en que se efectúa la famosa llamada desde un despacho de la Diputación Provincial de Toledo (lugar donde había diversos testigos alguno de los cuales confirma después la conversación). Por tanto es imposible que hubiese muerto en Madrid, sobre todo teniendo en cuenta que fue fusilado el 23 de agosto de 1936 en Toledo, un mes después de la conversación.
  • La línea de teléfono no había sido cortada, solo intervenida por las milicias republicanas, que después de haber ocupada la ciudad pasaron a controlar la central de teléfonos, de forma que daban línea o la desconectaban según sus intereses.
  • En cuanto al gas, Toledo en 1936, como todo el país, no tenía gas, de hecho tampoco lo había en 1957, cuando se publicaron los libros.
  • Respecto al punto más caliente, la conversación, Aznar aporta muchos testigos, por parte sublevada todos los presentes en el despacho de Moscardó (Tenientes Coroneles Valencia y Tuero, Comandante Cirujano, Capitanes Arrieta y Moreno Garrrido). Por parte de las milicias aporta personajes testigos de la conversación como Florentino Gómez FloraEl Claudito” que entonces era el chófer del presidente de la Diputación de Toledo; Bernardino García Rojo (que era del grupo de Cándido Cabello), y Francisco Sánchez Moraleda que era portero de la Diputación de Toledo en 1936.

Aznar no se limita a enumerar los personajes presentes en la famosa conversación sino que facilita datos de direcciones personales para que se les pueda consultar acerca de la versión expuesta por Aznar.

  • Respecto a las mujeres y niños refugiados en el Alcázar dice Aznar que en la inmensa mayoría eran familiares de los guardias civiles encerrados que al recibir la orden de concentración en Toledo no quisieron abandonar a su suerte a la familia y se los llevaron con ellos
  • Sobre el tema de las monjas, Aznar lo considera una broma. Cinco fueron las que estuvieron, dos ya habían muerto en el momento de la polémica y las otras tres estaban en la Academia Militar de Zaragoza. Suponía que las monjas a las que se refería Matthews eran precisamente las dos fallecidas (los muertos no hablan…).

Después de lo señalado, el norteamericano debió entender que su teoría no tenia mucha sostenibilidad y el 20 de septiembre de 1960 escribió una carta a la viuda de Moscardó pidiendo disculpas  por el daño causado con sus alusiones ya que se sentía confundido por la información que amigos e informadores le habían facilitado.

Pongo esta manifestación en su versión original y también traducida al español, sacada de las páginas de ABC donde se publicaron el día 19 de marzo de 1961. La carta fue escrita el 20 de septiembre de 1960, con membrete de The New York Times.

Cliqueando en estas imágenes podrás verlas en la hemeroteca de ABC.

ABC página 83 19-03-1961

ABC página 83 19-03-1961

ABC página 84 19-03-1961

ABC página 84 19-03-1961

También surgió la polémica con el mismísimo Hugh Thomas que dio crédito a las manifestaciones de Matthews pero que acabó retractándose en carta publicada en The New Statestman y que reproduce ABC del 29 de junio de 1960: “Yo acepté las dudas de Matthews. Ahora tras una completa investigación que incluye conversaciones con testigos presenciales, he llegado a la conclusión de que me equivoqué; y estoy convencido de que la conversación tuvo lugar. Quiero presentar mis excusas a los miembros de la familia Moscardó, y sobre todo, a su viuda, doña María Moscardó

 Vuelve a aparecer la polémica

Parecía todo resuelto después de lo anterior, pero será Antonio Vilanova Fuentes en su obra “La defensa del Alcázar de Toledo“. Ed Mexicanos Unidos. México,1963 quien resucite de nuevo la controversia recogiendo en su obra todo lo que en zona republicana se puedo haber dicho, comentado o escrito al respecto del mito.

En la misma línea aparecen otras obras como las de:

  1. Herbert R. Southworth, “El mito de la cruzada de Franco“. Crítica Bibliográfica. París. Ruedo Ibérico, 1963.
  2. Luis Quintanilla (pintor), “Los rehenes del Alcázar de Toledo“. París. Ruedo Ibérico, 1967.
  3. Isabelo Herreros, “Mitología de la cruzada de Franco. El Alcázar de Toledo“. Madrid. Vosa,1995

¿Familiares y/o Rehenes?. Autores de uno y otro bando

Es el mismo Antonio Vilanova Fuentes quien comentó que cuando Pedro Romero Basart envió la orden de concentración de la Guardia Civil de la provincia de Toledo en la capital mediante la difusión de la consigna “siempre fiel al deber” no incluía la orden a los familiares. Testimonios dados a Vilanova le informaron que llegaron guardias de la provincia sin familiares y que los únicos que entraron en el Alcázar fueron las familias de los guardias de Todelo capital, que no pasarían más allá de los 300. Según su misma versión, cuando Moscardó ocupó la ciudad fue apresando hombres, mujeres y niños y los iba llevando a la fortaleza.

La verdad es que suena cuando menos “raro” que un militar que se encierra en una fortaleza, con los momentos de tensión que se vivían, pueda tener tiempo siquiera en plantearse el ir atrapando a todo ser viviente que fuesen viendo por las calles de Toledo. De hecho no parece lógico que un militar deseara encerrarse con un montón de mujeres y niños que no harían más que complicar las posibilidades de la defensa aparte el hecho de ser un número enorme de bocas que alimentar.

El Sr Vilanova asegura que la mayoría de historiadores franquistas hablan de 550 mujeres y 50 niños los familiares encerrados en el Alcázar. Este dato dice que lo es de Manuel Aznar, el padre Alberto Risco, Benito Gómez Oliveros y otros autores nacionalistas.

El Comandante Martínez Leal, uno de los defensores, detalla en un listado los nombres y apellidos así como el arma y destino al que pertenecía cada uno de los encerrados. Según sus datos, había 269 mujeres, 215 niños y 53 hombres, haciendo un total de 537 personas.

Según Vilanova la diferencia entre 600 y los 537 de Martínez Leal serían los rehenes. Termina haciendo esta aseveración personal: “Creo que no me equivoco mucho si tomamos una cifra que oscile entre 50 y 100 personas, incluyendo en ella mujeres y hombres, además de 22 hombres que fueron los conductores de los camiones que trasladaron a los guardias civiles desde los puestos de sus respectivos destinos hasta Toledo y que fueron obligados a viva fuerza a servir de chóferes“.

El historiador izquierdista Southworth habla de Moscardó y de su declaración para la “Causa General” (proceso llevado a cabo por Franco al acabar la guerra sobre las personas sospechosas de haber militado o estado involucradas con la II República, para depurar responsabilidades) de 5 de julio de 1939, indicando que según el general “habían sido llevados al Alcázar el gobernador civil con algunos miembros de su familia y varios izquierdistas como rehenes“. Ver su libro “El mito de la cruzada de Franco“.Ruedo Ibérico, 1963

Herbert Rutledge Southworth

Herbert Rutledge Southworth

Sigue Southworth dando a entender que además de las mujeres y niños encerrados había unos 18 criadas a las que considera no se les habría dado ninguna posibilidad de elección.

Sale al paso de estas afirmaciones la misma hija del Teniente coronel de la Guardia Civil Pedro Romero Basart, Mari luz Romero Castro manifestando que cuando se metieron en el Alcázar se le dio a su criada la posibilidad de hacer lo que quisiera, y ella decidió encerrarse con ellos.

¿Un hecho aislado?, o algo lógico teniendo en cuenta que la misma incertidumbre de quedarse fuera podía suponer mayor peligro que quedarse dentro.

El más atrevido en sus manifestaciones de rechazo al mito del Alcázar es el pintor, entusiasta defensor de la República, Luis Quintanilla. Siempre defendió que las mujeres y niños encerrados lo fueron contra su voluntad y por tanto eran rehenes de los sublevados. A esta conclusión llegó al parecer de una forma sorprendente, por haber oído unas coplas en la calle que hacían alusión a este hecho: “Moscardó es un valiente, que madres y niños caza; como el verano es caliente, los ha llevado al Alcázar” y también por que así se lo explicó el que fue luego comandante de la Brigada “Fantasma” Comandante Ulibarri.

Quintanilla alude también a los 22 conductores con carnet sindical pertenecientes al Frente Popular de los camiones incautados por la Guardia Civil que sirvieron para la concentración en Toledo, de tal forma que así les sirvieron de garantía por los pueblos por los que pasaron. Como los conductores eran testigos importantes de la maniobra preparatoria de la sublevación, la mejor forma de asegurar su silencio era llevárselos al Alcázar y retenerlos como rehenes. Sobre este particular, Isabelo Herreros remacha lo anterior añadiendo: “Se trata de 22 rehenes de los que nada vuelve a saberse“.

Luis Quintanilla Isasi

Luis Quintanilla Isasi

Me resulta sorprendente que algo de tanta trascendencia y tan sumamente importante y cuidadosamente preparado, como fue la concentración de fuerzas de la Guardia Civil en Toledo para unirse al alzamiento, fuera a confiar precisamente su traslado al “buen hacer” de 22 conductores ajenos a su causa por muy vigilados que los hubiesen tenido, y además por territorio hostil. No parece consecuente.

También suena sorprendente el desplazamiento de todos los números de la Guardia Civil por toda la provincia de Toledo acompañados de mujeres e hijos, además de todo su equipamiento militar. Eso tendría que despertar sospechas inmediatamente, si bien es cierto que pusieron banderas republicanas en los camiones, indicando en los controles que les paraban que se dirigían a la capital a sofocar la rebelión. Esto sería más fácilmente creíble si fuesen solos, pero acompañados de las familias, ¿qué explicación podría tener?. Esta es otra de las dudas que plantea Quintanilla, que me parece bastante más razonable y coherente.

El pintor ya menciona alguna persona en concreto, habiendo sido asesinado D. Domingo Alonso, concejal socialista del Ayuntamiento de Toledo, su mujer y su hija fueron conducidas al Alcázar para que sirvieran como rehenes.

Me viene a la mente otra idea que me asalta hace tiempo: si realmente todas las mujeres y niños que estaban dentro del Alcázar eran rehenes, ¿cómo es posible que las milicias y el propio gobierno de Largo Caballero decidieran volar la fortaleza sabiendo que morirían esos elementos inocentes?. No he leído ninguna explicación en texto alguno a este hecho.

Hay otra idea que tampoco me cuadra en todo este embrollo. Hablando Quintanilla en el sentido de que todos los civiles del Alcázar eran rehenes de los alzados, añade que su libertad era solicitada por toda la población de Toledo y que el mismo gobierno de Largo Caballero daba garantías absolutas de respeto a la vida de los mismos. Pero vamos a ver, si son rehenes se supone que no habría por qué ofrecer garantías de nada, pues se daba por hecho que al ser encerrados contra su voluntad no necesariamente eran favorables a los sublevados y por tanto se considera estarían más que a salvo entre las milicias del Frente Popular, luego ¿por qué se habla de ofrecer garantías?. Esto más bien da pie a pensar que los civiles encerrados eran más partidarios de permanecer junto a los que allí estaban y por tanto para hacerles entrar “en razón” era preciso aportar esa afirmación de garantía absoluta de respeto a sus vidas.

Para  Quintanilla queda claro que “cuando Moscardó decide encerrarse en el Alcázar, su intención era ya protegerse detrás de las mujeres y niños que tenía encerrados, esperando los resultados del alzamiento“.

Para zanjar el tema de la Guardia Civil comentaremos que se conservan unas “instrucciones en caso de concentración en grandes grupos“, fechadas en 30 de marzo de 1936, donde se ordenaba proceder al inmediato estudio por cada familia de dónde ha de quedarse ésta, bien en casa de familiares o en la de conocidos, que garantizasen su seguridad, bien en los pueblos natales o en última instancia siguiendo al cabeza de familia. También consideraban los útiles a llevar por cada familia que no excedería de dos maletas o nada si la salida se hacía a pie.

El autor Muro Zegrí recoge en su importante obra “La epopeya del Alcázar” que la instrucción era que “los guardias que pudieran debían llevarse a sus familias“.

Ya tenemos un dato respecto a la cifra de rehenes según por tanto la mayoría de autores de izquierdas, y es que estuvieron entre las 50 y las 600 personas

Por otro lado, el mismo Moscardó informaba por carta de 11 de agosto a su esposa María de Guzman, que “allí había mucha gente conocida, las familias Moreno, Eimar, la de casi todos los de la Academia de Infantería, etc“. Esto prueba una vez más, que no podían ser los 600 civiles encerrados en el Alcázar rehenes de los alzados, tal y como consideraban autores como Quintanilla. La misma hija de Romero Basart, Mari Luz Romero, fue la que atendió la inquietud del canónigo Vázquez Camarasa sobre el posible deseo de las mujeres encerradas de abandonar la fortaleza, respondiéndole en estos términos: de forma más o menos textual: “¿coaccionadas nosotras? ¡No! He hablado de este asunto con todas las mujeres del Alcázar y todas piensan como yo. O salir libres con nuestros esposos e hijos, o morir abrazadas a ellos entre las ruinas; pero solas…¡nunca!. Esto desconcertó a Camarasa de tal manera que abandonó a continuación el Alcázar viendo que nada lograría por ese camino.

También señalamos que los nacionales concedieron una Cruz Laureada de San Fernando colectiva a todos los encerrados en el Alcázar, luego parece difícil de entender que se le fuese a conceder a quienes fueron sus rehenes.

En otro orden de cosas, no parece que los nacionales ocultasen expresamente que tuviesen rehenes en el Alcázar, de hecho así lo reconocen. El mismo Diario del Alcázar publica el día 21 de julio de 1936 este texto: “A las 7 de la mañana, y con toda solemnidad, fue declarado el estado de guerra en Toledo y su provincia, siendo detenidos y conducidos al Alcázar donde se estableció la Comandancia Militar, el gobernador civil y su familia, dándose orden de detención de los principales dirigentes, no pudiéndose detener más que uno, Francisco Sánchez López, maestro de la cárcel”.

También en anotación del día 24 del mismo mes publica, refiriéndose a la fracasada salida para lograr alimentos: “No obstante, tomaron en rehenes tres mujeres y un hombre, familia de un significado dirigente, causando bajas vistas al enemigo”

Muro Zegrí habla de “algunos presos”, acotando el número de once hombres y cinco mujeres, una de estas con dos niños. Amplía la información sobre ellos en el sentido de que “no eran de categoría“. El más significado era el maestro de la cárcel estando además dos chóferes de Obras Públicas, un sargento y otros individuos, hasta completar once.  Tres de estos últimos eran el alcalde y dos milicianos de un pueblo de Toledo.

No queda claro si en realidad el gobernador de la provincia y familia estaban como rehenes o más bien se dirigieron al Alcázar por propia voluntad en busca de protección al considerar que estarían más a salvo dentro que fuera de la fortaleza, entre sus correligionarios.

Sí puede incluirse entre los rehenes a la secretaria del susodicho gobernador, señorita de ideas muy avanzadas de izquierdas que no dejó de manifestar sus simpatías por los atacantes.

Cecil Eby, personaje muy critico con el régimen de Franco, habla de que los rehenes debieron estar entre 15 y 20, todo ello después de hablar con diversos supervivientes.

El general Rafael Casas de la Vega, persona de buena pluma y criterio equilibrado, dice textualmente: “En este recuento, todo lo exhaustivo que he podido hacerlo,no aparecen más de diez a diez y seis personas distintas, en las que parecen estar incluidos el gobernador civil y los suyos, quienes lo hubieran pasado mal de permanecer en Toledo“.

 

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