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Hace unos años, tuve ocasión de asistir a una conferencia en la Fundación Pablo Iglesias que me impresionó mucho. La conferenciante en cuestión se llama Carmen Tagüeña Parga, mexicana de nacimiento, de padres españoles. Estos eran Carmen Parga y Manuel Tagüeña Lacorte, y el objeto de la conferencia era recordar la figura del Teniente Coronel Manuel Tagüeña Lacorte, su padre.

Cuando acabó la conferencia solo pensaba en conseguir el libro escrito por el mismo personaje, sus memorias, que se había reeditado por la Editorial Planeta con un precio cercano a los 30 euros, en pasta dura y con cerca de 750 páginas…

Comienza desde los primeros pasos en una universidad politizada, muy influida por la situación política del momento, perteneciendo a las diversas juventudes (socialistas, comunistas y después juventudes socialistas unificadas). Sus manifestaciones, sus recorridos por la vieja Universidad de la calle San Bernardo.

Manuel Tagüeña

Manuel Tagüeña

El estallido de la guerra y su incorporación a las milicias del Quinto Regimiento comunista. Tagüeña tenía carnet del partido, no así la que fuera su mujer carmen Parga (escribió sus memorias con 80 años, “Antes que sea tarde”), que no pasó de simpatizante.

La primera parte del libro nos describe con profusión, además de esos prolegómenos violentos prebélicos, las operaciones bélicas en las que participó, que fueron literalmente “todas” las importantes, incluidas los primeros movimientos en la sierra madrileña como la operación de la batalla de Peguerinos, por poner un ejemplo. Recordemos que los que luego fueron altos mandos del Ejército Republicano se foguearon en los combates de la sierra, como Buitrago (Somosierra), Peguerinos, Guadarrama (Alto del león), y donde ya despuntaron personajes como Valentín González “El Campesino”, José María Galán, Cipriano Mera, Enrique Líster, Etelvino Vega, o Juan Modesto, por citar los más significativos.

Tagüeña fue el último que abandonó el escenario del Ebro cubriendo el repliegue del Ejército Republicano, volando un puente en Flix, sobre el río, dando así se dio por terminada la batalla, y comenzando lo que sería ya práticamente la salida para el exilio de muchos participantes, aunque él regresó a Madrid, siendo testigo de la sublevación de Casado. Acabó abandonando España en avión desde un improvisado aeródromo de Monóvar, a 8 Km de Elda (Alicante), construído deprisa y corriendo por soldados republicanos. La Posición Dakar, ubicada en una pedanía de Monóvar llamada El Hondón, constaba de un aeródromo, un refugio, un polvorín, una torre vigía y varios búnkers defensivos y nidos de ametralladoras. Su objetivo no era otro que dejar una puerta aérea abierta para una posible evacuación del Gobierno de la República y de las personalidades que componían su séquito si las cosas se ponían feas. Y como así fue, desde esa ubicación partió definitivamente para el exilio entre el 6 y el 10 de marzo de 1939 nuestro protagonista, camino de Moscú, un destino feliz ya que era para él el paraíso del proletariado.

Hay que recordar también que Manuel Tagüeña acompaña a sus hombres camino de la frontera catalana para que pudieran salir por Francia, haciendo que lograran entregar sus armas a los gendarmes franceses, ya que ellos no querían desprenderse de las mismas, pero las autoridades galas no querían dejar entrar a nadie armado. Una vez dejados a salvo a sus hombres al otro lado de la frontera, regresa a Madrid para continuar la lucha (¿cuantos altos dirigentes políticos y militares hicieron lo mismo?). Una vez producida la revuelta casadista sale definitivamente de España en avión desde Monóvar para Moscú, como antes se comentó.

Cuando llegan allí, reunido con él su esposa Carmen Parga, que había salido previamente para París, se encuentran con unas condiciones de vida y de trato por parte del régimen estalinista muy diferentes a la propaganda, que acaban con las ilusiones de ambos, al darse cuenta que eran un verdadero engaño (falta de democracia interna, culto a la personalidad, métodos dictatoriales de dirección, abuso de autoridad, desprecio de los valores humanos, etc)

Incluso tuvo que lidiar en Moscú con las luchas internas del propio Partido Comunista de España, de las que se mantuvo al margen porque no tenía la más mínima ambición política, llegando a entrevistarse dos veces con “Pasionaria” a la que le hizo ver que no estaba participando ni había participado en ningún movimiento contra nadie del partido, y menos contra ella (Tagüeña tuvo temor a que pudiera ser “depurado” en algún momento).

En Moscú llegó a ser profesor de estrategia en la Academia Militar FRUNZE, la de mayor prestigio en la antigua URSS. De hecho Tagüeña era uno de los profesores más  reconocidos y de prestigio entre los alumnos rusos, algunos de ellos luego mariscales de campo en la II GM. Una de las lecciones que impartía era el paso del Ebro en la batalla del mismo nombre. Tengamos en cuenta que era de los pocos mandos republicanos con estudios universitarios (licenciado en ciencias físico-matemáticas).

Imagen de Oficiales republicanos en Rusia

Imagen de Oficiales republicanos en Rusia

Todos sus esfuerzos desde ese momento se centran en salir de la Unión Soviética, y ve la posibilidad cuando le ofrecen ir de asesor a la antigua Yugoslavia de Tito, donde estaba esperanzado de encontrar una aplicación más justa de las ideas comunistas a las padecidas en Rusia, pero no fue así. Él creía que los yugoslavos estaban en su razón pero Stalin, enemistado por entonces con Tito, no permitió ningún tipo de aperturismo o flexibilización del régimen. Manuel Tagüeña y familia tienen un nuevo destino que es Checoslovaquia dado que Stalin exilia de alguna forma a Tagüeña al discrepar de sus métodos. Ya en destino, a la mayoría de españoles les dejan en Praga pero él es destinado en Brno, 2ª ciudad en importancia y capital de Moravia, hacia el año de 1949. Aqui retoma sus estudios universitarios en la Universidad de Masaryk trabajando en el departamento de Física para Médicos y para ocupar su tiempo libre estudia la carrera de Medicina. Mientras tanto, su esposa Carmen Parga trabajaba dando clases de español.

Para entonces Tagüeña ya estaba absolutamente desilusionado con el régimen comunista. Cuando se produjeron las purgas estalinistas, Manuel Tagüeña llegó a estar detenido, pensando mientras estaba en la cárcel que si salía de esa abandonaría también Checoslovaquia.

Y así hicieron. Aprovechando un resquicio tras la muerte de Stalin más una contratación ficticiapara la Universidad Nacional Autónoma de Méjico (que no llegó a materializarse) lograda por el apoyo de familiares de Carmen Parga en ese país y amigos de Checoslovaquia que apoyan su viaje además de la autorización del PCE tras árduas negociaciones , logran abandonar finalmente el cinturón comunista con un documento checo de apátridas más el pasaporte de la República Española.

Nunca regresó a España (sí lo hizo para visitar a su madre cuando se estaba muriendo, allá por 1960) a pesar de la invitación del régimen de Franco para que lo hiciera, pero él siempre comentó que no deseaba regresar como “rojo arrepentido”.

Este libro, escrito por Tagüeña cuando ya se sabía enfermo, escrito desde la serenidad del tiempo (tenía ya cincuenta años cuando comienza su redacción, muriendo con solo 58), es muy claro y nada agresivo contra nadie. Escrito en un estilo sencillo, se lee muy fácilmente a pesar de la gran cantidad de páginas, fiel a sus convicciones no quiso regresar a España. Se mantuvo en Mejico,  país al que estuvo muy agradecido aunque los comienzos fueron muy duros. Resistió todos los intentos de escribir o publicar sus memorias. Próxima su muerte, encargó a su esposa Carmen Parga que se encargara de la edición del libro, solo cuando muriese Franco, para evitar el aprovechamiento por el régimen.

Carmen Parga así lo cuenta en su libro de memorias “Antes de que sea tarde”, escrito a los 80 añós de edad:

“en 1971 murió mi marido. Afrontó la muerte con el mismo valor con que había afrontando la vida. Se despidió de las niñas y de mí, y nos pidió que no lo lloráramos. Se consideraba afortunado de ser superviviente de tantas batallas en las que había visto morir a tantos hombres. Tenía 58 años recién cumplidos y hay que admirarse de todas las cosas que le dio tiempo de hacer en su realmente corta vida. Dos años antes había terminado de escribir sus memorias, que se resistía a publicar, tan harto estaba de polémicas. Me pidió que yo las publicara después de su muerte y así lo hice. No quiso que se editaran en España mientras viviera Franco. Temía que sus críticas fueran distorsionadas o utilizadas por los franquistas”

 

 

Poco más que añadir, aquí dejo la imagen y el audio de la hija Carmen Tagüeña Parga.

 

Carmen Tagüeña Parga hija del Tte Cl Manuel Tagüeña Lacorte

Carmen Tagüeña Parga hija del Tte Cl Manuel Tagüeña Lacorte

La conclusión que he sacado es que han pasado por mis manos unas páginas de la historia de España absolutamente imprescindibles de leer y verdaderamente apasionantes, que me han dejado profunda emoción, máxime después de haber conocido y escuchado personalmente a su hija Carmen Tagüeña, todo un privilegio.